sábado, 12 de mayo de 2018

AL FINAL, LOS PADRES TIENEN RAZÓN


 
              La verdad es que cuando somos jóvenes, preadolescentes y adolescentes, nada de lo que les gusta a nuestros padres puede gustarnos a nosotros. Las amigas con hijos adolescentes me cuentan, ya llegarás a este momento, ya... pasas de ser una DIOSA  a ser menos que nada, a que te desprecien, a que te ignoren... El corazón se me encoge al pensar en ello y quiero creer que son unas exageradas, a pesar de que sé que no lo son, porque también he sido joven y también he protestado por muchas de las decisiones que tomaron mis padres en su momento, todas buenas para mí, sin duda.

                Ahora que soy una cuarentona, que la adolescencia  me ha quedado muy lejos, me acuerdo de una discusión que yo siempre mantenía con mi madre. Yo no soportaba mi nombre, “Adelia”, qué nombre, no me daba más que problemas, nadie lo entendía, me llamaban “Adela”, “Delia”, “Adelina”, “Adelaida”, “Dalia”, “Amelia”... y lo que es peor, me lo ponían en los títulos, en las listas. Si esto fuera poco, había quien para rematar añadía MARÍA, María Adelia. Yo quería que me llevaran los demonios, como decía una amiga de mi madre “que me lleven los demonios”.

                Esta discusión era muy recurrente con mi madre. Cada vez que alguien utilizaba otro nombre para referirse a mí, lo cual, ya digo, era muy a menudo. Os podéis imaginar. Cada cosa que iniciaba, cada persona que conocía, cada trámite que hacía... ¡una cruz!

                Yo entendía la postura de mi padre. Mi padre habia elegido el nombre de su abuela. Yo eso lo respetaba. Una abuela es una abuela, y las mías eran estupendas, así que comprendía que mi padre hubiese querido ponerme el nombre de su abuela. PERO que mi madre lo hubiese consentido, eso me parecía el colmo de los colmos. La subordinación de la mujer a los gustos de los hombres, poco espíritu luchador. Ahora me río solo de pensarlo, qué joven era.

                Mi madre, con este argumento, no podía, por ahí no pasaba. Ella siempre me argumentaba que a ella le gustaba mi nombre, que era distinto, único, que no se oía,  era casi casi, me decía, exclusivo, y que ya había suficientes “Josefinas Marías” por el mundo, que por ahí sí que no iba a pasar. ¿Dónde podía yo comparar llamarme Adelia con llamarme Josefina María?. Yo, sin embargo, erre que erre. La adolescencia ya se sabe; y mi cruz, que es una cruz, lo crea quien lo crea y pasen los años que me pasen.

                Es cierto que la historia que me contó mi profesor de Griego sobre el origen de mi nombre, me pareció muy interesante, y de lo malo, me situaba en Grecia, con los mitos, la isla donde nació Apolo. Aún así, cada vez que llegaba un nuevo encuentro, me defecaba en Grecia, en los Mitos y en ...

                Ana Cano, conocida y reconocida filóloga, me dijo una vez cuando yo le comenté mi animadversión a mi nombre, que a ella le parecía un nombre bien bonito por su sonoridad, presencia de tres vocales y consonantes sonoras y líquidas, el sonido fluía limpio. Por un momento, sentí que tenía razón, mi nombre sonaba muy limpio. Me duró lo que me duró.

                Resulta que hace poco unas amigas se acordaron de mí durante el Viaje de Estudios. Vieron una pastelería en Obidos, Portugal, que llevaba mi nombre. No Adela ni Delia ni nada de eso. “Adélia”, eso sí, con tilde.

                Entonces empecé a pensar: mi bisabuela, a quien debo el nombre era oriunda de Ciudad Rodrigo, Salamanca, y esta ciudad es fronteriza con Portugal. Los límites de las lenguas no tienen nada que ver con los límites lingüísticos, esa cercanía de tierras, ese espacio común compartido...  ¿no va a ser el mío un nombre portugués?

                Y como todos los caminos llevan a Roma, o en mi caso al álbum ilustrado, voy y me encuentro éste

ALPHEN, Jean-Claude: Adélia, Pulo do Gato, Sao Paulo, 2016


                Un álbum ilustrado publicado en Brasil, en portugués, por supuesto, y que se titula así Adélia. ¿Sabéis quién es esa “Adélia” de la que habla el libro? La cerdita rosa que acompaña a la niña. Ella es la protagonista de este állbum. Un álbum que habla sobre la devoción, admiración y pasión que siente una cerdita que ama y adora la lectura. Vamos, que el nombre me viene como anillo al dedo. Yo soy esa cerdita.

                Es un álbum precioso, de verdad, no porque lleve mi nombre con tilde –que es lo único que me hubiese faltado en la adolescencia, que mi nombre llevase tilde, porque seguro que sería otra pelea que tendría que lidiar, nadie se la pondría-; sino porque no es muy habitual por este lado del océano encontrarnos álbumes ilustrados que primero combinen texto e imágenes, luego solo imágenes, para volver al final del libro a la combinación de texto e imágenes. Es curioso, sorprendente  e interesante.

                El juego con el color, o con la ausencia del mismo, ver que solo Adélia tiene color en ese mundo sin libros y que solo la luz que la cerdita para leer tiene color es una metáfora tan extraordinaria como emocionante. La lectura es la luz, no mi nombre sin “A” como me explicaba aquel profesor de griego, o quizás es que hay varias luces. Seguro que esto también.

                A las madres con hijos adolescentes, paciencia, ya se sabe, “no hay mal que cien años dure”; y al final, todos aprendemos a valorar lo que las madres, y los padres, por supuesto, nos han dado.


martes, 8 de mayo de 2018

""CARPE DIEM" QUE "TEMPUS FUGIT"


          Ayer me regalaron un álbum precioso, y hoy quiero mostrároslo. Quizá debiera darme tiempo, reposar las ideas; pero no, voy a hablar de emociones sentidas.

           No es un álbum para llevar al aula, o sí, ya veremos si lo podemos explotar, esta será otra historia que contar.

          En principio, no lo es por su temática. Habla de lo rápido que pasa el tiempo, de cómo se desgrana en quehaceres cotidianos y así la vida, pasito a paso, gota a gota, va consumiendo nuestros mejores momentos.

          No hay mejor momento para muchas de nosotras que la maternidad (no todas las mujeres queremos ser madres y es una opción muy respetable. La mejor si no se va a hacer con plena dedicación). Especialmente cuando son bebés y requieren tanto de nosotras (es tan tierno como agotador, no lo hay que olvidar). Las abuelas y otras madres te dicen: “aprovéchalo, pasa tan rápido”, y a pesar de que lo haces, de que lo exprimes, es cierto, pasa tan rápido.

           De eso habla este álbum, y lo hace con un lirismo que te emociona, que te llega, que te transmite. “Y ves cómo pasa el tiempo/ por delante de tus ojos,/ como si de un reloj con piernas se tratara”.

           Pero no solo su lenguaje verbal es poético e intimista. ¡Es un álbum! Utiliza por y para ello todos los recursos a su alcance. Lenguaje verbal e icónico van de la mano. Confluyen cuatro manos, las de la escritora y las de la ilustradora, para configurar un todo único. La encuadernación a tapa dura, un tamaño mediano, para que ahora sí que nos recreemos en el tiempo, en cada uno de esos detalles que lo pueblan, que son muchos.

           Un collage, seguramente combinado con acuarela y quién sabe si con alguna otra técnica más, al que no le falta detalle. Las guardas, preciosas, distintas, que quizá y sólo quizá, ya nos estén hablando del paso del tiempo, de la mujer que un día fue bailarina y hoy mira a otra nueva bailarina, los vestidos colgados, gasas y tutús...

          Le sigue una portadilla con una ventana irregular a través de la cual vemos ropa tendida, una imagen ésta que volveremos a encontrarnos dentro del libro, como también ocurre con la de la portada.

       Después, páginas de distintos colores, suaves para que destaquen en ella los elementos contenidos; incluso las letras (la tipografía es lo que no me gusta, sí, en cambio, la de la portada) tienen distintos colores y la disposición de éstas, de las letras, contribuye al juego visual de cadencia, de paso del tiempo, así se nos cae la vida, en acciones cotidianas, qué mejor que los verbos en 2ª persona del singular para sentirnos identificados, tal vez el género esté muy marcado, tal vez, pero qué importa. Hay una realidad que no podemos negar.


         No hay en este volumen dos páginas iguales. Sólo se parecen en ser dobles páginas: unas muy recargadas (puede ser de palabras y/o imágenes); otras, sencillas. Es mágico, porque es intencionado, o eso creo yo, que así veo la vida: a veces, todo ocurre atropelladamente; sin embargo en algunas contadas ocasiones gozamos de una paz infinita.

        Ser madre me ha cambiado la manera de mirar el mundo. Esta lectura me ha hecho volver a preguntarme:











         

































             No lo quiero ni pensar. Así que solamente puedo decirme a mí misma “Carpe diem” que “Tempus fugit” que es sobre lo que, una vez más, me ha puesto en sobre aviso esta inmersión en un libro.

Aún no os he dado sus datos, aquí los tenéis:



BEZANILLA, Ainara y CELEJ, Zuzanna: A veces la lluvia, Ed. Thule, Barcelona, 2017. (Hay que agradecer a la editorial que apueste por autoras de aquí, que arriesgue y nos muestre que el mundo es ancho y no está solo limitado a los súperventas).


domingo, 6 de mayo de 2018

LAS LENGUAS DE ESPAÑA, LAS LENGUAS DE ASTURIAS

A caballo entre el cuentacuentos, que nunca queremos que se acabe, y la poesía -de la que aún no os hablé y tengo que hacerlo largo y tendido-, nos pilla siempre LA SELMANA DE LES LLETRES ASTURIANES, EL DÍA DEL LLIBRU -primer viernes de mayo- y la FERIA DEL LLIBRU Y DEL DISCU N'ASTURIANU. Este año todo ello rodeado de la política sobre la cooficialidad. No he entrado en este tema, no creo que deba entrar en ese tema, en política, aunque a veces las clases lo sean. Yo no quiero eso para mi alumnado, para mis clases. Pero sí quiero hablarles, y debo hablarles de las lenguas. En primero de la ESO ya lo hice en la primera unidad, pero todo  es recurrente y qué mejor oportunidad que esta Semana para volver a hablar, para escuchar, para leer y, si hubiera tiempo, por qué no, para escribir. En fin, que hablamos de las Lenguas de Asturias. 

En Asturias tenemos una lengua oficial que es el castellano (ya se sabe, Alfonso X creó la Escuela de Traductores de Toledo... y volvemos a la política, siempre muy cercana a la lengua); y tenemos dos lenguas no oficiales: el asturiano o bable y la fala o gallego-asturiano. Dos lenguas que no son oficiales pero que tienen su Academia, su gramática, su normativa, su diccionario, su historia, su literatura... Dos lengua estas que nos cuesta mucho separar de la oficial, porque son lenguas hermanas, ambas nacen de la misma madre, del latín vulgar; y como todos los hermanos, se parecen, y mucho, aunque no son gemelas, las criaron padres adoptivos tal vez, unos más afortunados que los otros...

En fin vamos a lo importante, lo que escribió muy bien el chileno Eduardo Galeano en su obra Mujeres (Ed. Siglo XXI, página 21):

El mundo encoge

Hoy es el Día de las lenguas maternas.
Cada dos semanas, muere una lengua.
El mundo disminuye cuando pierde sus humanos decires, como pierde la diversidad de sus plantas y sus bichos.
En 1974 murió Ángela Loij, una de las últimas indígenas onas de la Tierra del Fuego, allá en el fin del mundo; y la última que hablaba su lengua.
Solita cantaba Ángela, para nadie cantaba, en esa lengua que ya nadie recordaba:

Voy andando por las pisadas
de aquellos que se fueron.
Perdida estoy.

En tiempos idos, los onas adoraban varias dioses. El dios supremo se llamaba Pemaulk.
Pemaulk significaba "Palabra".


Por este motivo, porque mi dios es la Palabra, entiendo que no se pueden dejar perder las lenguas. Por eso (y por mucho más, entre ello que lo mandan los papeles, que era el bable la lengua de mis ancestros...) dedico unas horas a la lengua asturiana en esta primera semana de mayo. Les hablo de libros que a mí me tienen fascinada y que ellos deberían conocer, se los llevo al aula, se los dejo ojear y hojear, manosear, e incluso, ya sabéis, se los dejo leer porque sé que no van a enfermar. Libros que esconden tesoros, "ayalgas" que son libros...

Un fabuloso cómic de Miguel Solís.
Como hoy es el Día de la Madre, aprovecho para dejaros aquí un hermoso poema de un extraordinario libro Versonaxes de Aurelio González Ovies
Elvira Laruelo llega al alma con su poesía intimista

Berta Piñán y Elena Fernández hacen aquí un trabajo excepcional







Como yo no puedo cargar con muchos libros, aunque les llevo muchos más que estos; como tampoco es bueno que todo lo vean en la pantalla digital -que también proyectamos algunos títulos por ahí-; como tenemos la Feria del Llibru y el discu n'asturiano al otro lado del Parque Ferrera, pues no le hacemos mal a nadie atravesando el parque y viendo "in situ" que se publican muchos libros en asturiano, incluso traducciones de libros clásicos; que también hay discos; y ya, si tenemos la suerte de que la clase de Lengua coincida con una charla, miel sobre hojuelas.

Esta vez, gracias a la profesora de Historia Mercedes Folgueral con un grupo pudimos ir a la Inauguración de la mencionada Feria. Se sentaron, escucharon y después de hojear libros volvimos otra vez atravesando el parque contentos y felices porque se habían portado tan bien que la Concejala de Cultura allí presente pidió que se les obsequiase con el libro que estaban presentado. Volvimos charlando sobre lo que entendían y lo que no, lo que les parecía... Muchos contestaron allí a las preguntas que les hizo la prensa. Nuestra actividad quizá sirva a otros para hacer política y/o prensa (os dejo el enlace http://www.lne.es/aviles/2018/05/04/asturiano-goza-buena-salud-aviles/2280514.html) a nosotros, no; a nosotros nos sirve para hacer pensamiento, para crecer, para pensar y reflexionar, para aprender... porque en las aulas debemos ayudarles a eso. Enseñar es ayudarles a aprender.

Al día siguiente, en la clase de Lengua, con el otro grupo fuimos también  a la Feria, con tan buena suerte que había una mesa redonda con cuatro de los ilustradores del libro que habían presentado el día anterior. El alumnado se sentó, escuchó y participó con sus preguntas. No estaba la Concejala, así que nadie les regaló el libro, a pesar de que uno de los ilustradores les dijo "cuando os regalen el libro". Se quedaron sin él, aunque lo merecieron porque se comportaron, como debían comportarse, con educación, respeto y saber estar. Quién sabe, quizá esto llegue a quien tenga que llegar y los libros se depositen en tan fantásticos destinatarios. Ojalá. Porque la verdad es que es un libro bien bonito en su edición y bien interesante en sus lenguajes empleados: el icónico y el verbal (en lengua asturiana, por supuesto).




También hay versión en fala Cúntame un conto.





sábado, 5 de mayo de 2018

ADENTRARSE EN LA DEHESA (primera parte)


Viaje con nosotros
...
de las hermosas historias
que les vamos a contar.

(Orquesta Mondragón)



            El pasado fin de semana (27 de abril) viajamos en familia. Un gran viaje. Lo pasamos genial. Nuestro destino: tierras charras.



            Nos alojamos en una amplia casa rural en la que su dueño, José Luis, nos atendió estupendísimamente y nos aconsejó muy bien sobre dónde comer, qué visitar y nos trató de maravilla. Aquí os dejo el enlace a su página web por si queréis visitarlo http://www.casarurallosbarreros.com/index.html. Sencillamente es muy recomendable.



            Como recomendable es la zona. La dehesa, con su flora y su fauna, y todos esos pueblos de alrededor que puedes visitar tanto en España como en Portugal.



            Salir de la rutina, de lo cotidiano es siempre mágico Nos permite encontrarnos con nosotros mismos y con los demás. Cambiar la alimentación (las patatas “meneas”, el farinato...), la entonación, el paisaje... y lo que es mejor, cambiar nuestra música de fondo, la interior.

            Para nosotros, para mí especialmente, no se puede pasar cerca de Salamanca sin entrar. No importa las veces que hayas ido, ni las que irás. Salamanca es parada obligatoria. Salamanca siempre te ofrece algo. Salamanca es mucha Salamanca para pasar cerca y no parar.



            Os dejo un pequeño reportaje visual de lo que hicimos, lo que vimos, por dónde estuvimos...

Así te recibe la ciudad amurallada con forma de estrella Almeida, en Portugal. 





Puerta de entrada a la ciudad amurallada





Baños públicos en la muralla


          Comimos extramuros, precisamente en el Restaurante "La Muralla", recomendación de José Luis. Muy rico el bacalao, ya se sabe, de esta zona de Portugal, no te vayas sin probar su exquisito bacalao. 

            De ahí nos fuimos a ver otras dos ciudades amuralladas de esta zona de Portugal. Más pequeñitas, no por ello, menos interesantes. Silenciosas. Apartadas del barullo de los visitantes, del turista ruidoso. Castelo Bom y Castelo Mendo (curiosidad en Castelo Mendo había un montón de puertas y ventanas de las casas pintadas de malva, nos llamó la atención).

             




Castelo Mendo



Hasta la puerta del campanario abierta

Otro día fuimos a la Alberca. En el camino, paramos a desayunar en un Castillo de Templarios, precioso. Con su castillo y sus villas para pasar unas vacaciones inolvidables, con sus piscinas, sus discotecas, sus paseos a caballo... Las villas tan bonitas, me recordaron a nuestra querida Perlora y a los veranos en que con mis abuelos puede pasar allí unos días. Qué lástima de ciudad residencial perdida, cuántas historias quedan en nuestro recuerdo. ¿Por qué no se ponen de acuerdo para rehabilitarla? No lo puedo entender. Las imágenes las dejamos para la segunda parte.






martes, 1 de mayo de 2018

CÓMO NACE UNA LECTORA



Es difícil saber cómo y cuándo se aficiona una persona a leer, a los libros, algunas de hecho no adquieren jamás ese hábito y viven privadas de espectaculares experiencias que nunca vivirán. En fin, una lástima.

Yo sí creo que sé cómo me aficioné a la lectura. Con estos libros troquelados. Seguro que a ello contribuyó también la cultura popular, los refranes, las adivinanzas, los juegos de palabras que usaban conmigo mi abuelo y mi padre, especialmente. Pero al libro como objeto llegué por mi madre.

Cuando era pequeña, muy pequeña, vivíamos en un barrio de Avilés, un barrio que por aquel entonces no tenía Centro de Salud y para ir al médico teníamos que ir al ambulatorio en la Calle Llano Ponte.

Ir al médico era para mí un placer (y también para mi hermano). Cogíamos el autobús, caminábamos hasta el mencionado ambulatorio y allí, en la acera de enfrente a éste, había un quiosco. Cada día de médico íbamos a ese local y un viejo señor sacaba una caja de debajo del mostrador llena de cuentos troquelados. Mirábamos, éste lo tengo, éste no me gusta, éste, éste, éste, éste... todos eran apetecibles. Había que elegir uno, en el mejor de los casos, ¡dos! Con él, a la sala de espera, donde la imagen de una enfermera, vestida de blanco y con cofia, con su dedo índice delante de sus labios, nos indicaba silencio. No había juguetes en la sala, no había niños corriendo, no había móviles, ni consolas... lo único que había era ese ansiado libro troquelado en el que caerse mientras mi madre ojeaba su revista recién comprada.

Ahora, cuando veo estos cuentos, no puedo resistirme a comprarme uno, o dos si estoy de suerte. Me devuelve a la infancia y a la vida.

LUCES, POR FAVOR




A veces me levanto y soy Adelia. Esa “A-“ inicial me vuelve oscura, tosca... Enseguida me doy cuenta y debo recordarme que se necesita luz, que la “A-“ me pesa, y me la quito, me vuelvo Deli.

En ocasiones, es cierto, voy por la calle siendo Adelia, llego a trabajar y sigo siendo Adelia, incluso puedo volver del trabajo con una “A-“ muy grande.

Otras, en cambio, lo percibo muy rápido y me despojo prestamente de la “A” inicial.

Sin duda, los mejores días son cuando al despertar me siento muy Deli y no hay ningún acontecimiento que me devuelva la “A”.

Desde el nacimiento de mi hijo, he de reconocer que nunca me he levantado siendo Adelia, jamás. La maternidad me ha hecho vivir de otra manera, sentir de otra manera y querer encender el mundo (lo cual no evita que alguna que otra vez sea Adelia, qué le vamos a hacer, a veces, la sociedad, la justicia, la vida es tan oscura que mimetizo con ella).

jueves, 26 de abril de 2018

ABRAMOS LA PUERTA AL CUENTACUENTOS

           Tercer trimestre ya y queda tanto por hacer, tanto por recordar. El tercer trimestre en 1º de la ESO (estos últimos cursos) lo dedicamos a la Literatura, a la competencia literaria.  No es que hasta este momento no le hayamos dedicado nada de tiempo, es que ahora nos recreamos en ella. Podemos decir que  viajamos al mundo de la Literatura y hasta ahora solo habíamos estado consultando guías para preparar bien nuestro viaje y nuestra maleta, de tal manera que fuera adecuada para el destino al que nos vamos.

         Cual Conejo de Alicia estamos que no llegamos. Queremos ver tantas cosas que sabemos interesantes que tres meses no es nada.

            Después de visitar qué es eso de la Literatura, de las figuras retóricas, de los géneros literarios, queremos adentrarnos en el intrincado bosque de la narración: fábulas (leemos las Fábulas de Esopo, lectura comprensiva y dramatización), leyendas, cuentos, microcuentos...

            Creo, sin duda, que la actividad que más nos gusta a todos es el CUENTACUENTOS. Lleva mucho trabajo durante muchas sesiones, tanto en casa como en clase. Necesitamos la colaboración de las familias. Aun con todo y con eso, es una actividad tan completa y satisfactoria que es píldora del bienestar.

          


Las cuatro destrezas lingüísticas tienen cabida en esta unidad que yo he bautizado como "Abramos la puerta al cuentacuentos".



Veamos la receta.
Ingredientes:
-         Mucha pasión por los cuentos (ésta debe llevarla el docente, aunque dejará el plato más sabroso que el discente la comparta).
-         Cuentos terroríficos, de amor, de misterio, de fantasía... vienen muy bien en dosis de microcuentos de temática variada.
-         Fábulas al gusto.
-         Vídeos de cuentacuentos, cuanto más variados mejor, más exquisita será la receta (pueden encontrarse en interné).
-         Dosis de motivación.
-         Píldoras antimiedo escénico.
-         Padres colaboradores y entregados.
-         Tijeras.
-         Imaginación.
-         Buen gusto.
-         Nada de mal humor, durante esas sesiones, recuerde dejarlo en casa.
-         Paciencia para espolvorear.
-         No olvide, un sobrecito de respeto.
Modo de elaboración:

Primero. En una hoja se les enseña a hacer una invitación con forma de una torre de un castillo (si ha visitado páginas de cuentacuentos, la encontrará). Se les darán para ello unas sencillas instrucciones. Se les dictará un pequeño para informar a las familias. Se dejará enfriar mientras vamos con otro paso.
Segundo. Se les muestran unos cuantos vídeos de cuentacuentos, variados en forma y fondo, con música, sin música, con kamishibai sin él, con instrucciones, con marionetas... y se les advierte que deben prestar mucha atención, porque, ojo, el
Tercero. Consistirá en hacer un decálogo para ser un buen cuentacuentos.
Cuatro. Debatir los puntos del decálogo hasta que nos queden a punto de nieve, importantísimo, por ejemplo, seleccionar bien el cuento que vamos a contar al resto.
Quinto. Si es posible, se les lleva a ver cómo el alumnado de Ciclo Infantil prepara sus sesiones de Cuentacuentos. Esto es muy motivador e inspirador. Si se tiene en el instituto, se ruega no desperdiciar esta oportunidad.
Sexto. Aparecer en clase con una maleta de cuentos, de esos que nos encantan a nosotros, por lo que sea, porque nos reímos, porque lloramos, porque pensamos, porque crecemos... Dejarles manosear los ejemplares, incluso, sin quieren, leerlos, no es peligroso. A veces alguno se intoxica, pero esto solo sucede cuando no se les han leído cuentos en otras ocasiones. Si les pilla por sorpresa, se pueden atragantar. Para evitarlo, vaya durante el curso leyéndoles algún cuento, como quien no quiere la cosa, porque hoy es hoy. Eso sí, leálos usted. Que te lean es un masaje para el cerebro que a todo el mundo le gusta.
Séptimo. Déles referencias de libros, de páginas web donde encontrar cuentos adecuados. Esos cuentos que todos sabemos que gustan.
Octavo. Una vez fría, vuelva a la invitación, tendrán que entregarla a la familia con la indicación del cuento que han elegido para contar.
Novelo. Enséñeles a hacer un itinerario para recordar los elementos claves del cuento. Es fácil, pocas palabras y algún dibujín. (Es muy útil como técnica de estudio, pero esto jamás se lo diga, puede estropear la receta).
Décimo. Pídales que ensayen mucho en casa; primero, sin público, después con él, que los valoren en la invitación que ellos han hecho para sus familias. Esta debe volver a la profesora.

            Tres cursos llevo haciéndolo así y he disfrutado tanto tanto... Tengo que agradecer la estimable colaboración de las familias (padres, abuelos, hermanos...), algunos de sus comentarios me han emocionado. Pero sobre todo me siento muy orgullosa cada año de mi alumnado, porque a pesar de que se mueren de vergüenza demuestran un saber estar, tanto escuchando a sus compañeros como contando su cuento, que yo tengo que quitarme el sombrero.
            Uno de los muchos microcuentos que les leo, se titula “Sherezade” es del escritor Eduardo Galeano y acaba diciendo: “Del miedo de morir, nació la maestría de narrar” y yo les digo “del miedo a suspender, nace la maestría de contar cuentos”.
            Una experiencia muy recomendable.